En 2013, con 25 años, María Martín-Consuegra encontró la vivienda perfecta. “Era un piso en Ronda de Toledo (Madrid) para una persona, justo lo que estaba buscando. 400 euros de alquiler. Me parecía un chollo. Pensaba que había tenido mucha suerte”, recuerda. Lo que parecía fortuna era una estafa: cuando le enseñaron el piso, pagó 400 euros en el acto para reservarlo. La persona que le mostró el inmueble desapareció. Sigue a la espera de que se celebre el juicio para recuperar su dinero.

El caso de Martín-Consuegra es uno de los muchos timos en torno al mercado del alquiler, fortalecidos gracias a la subida de precios: el coste de los alquileres ha crecido un 50% en los últimos cinco años. La situación es particularmente asfixiante para los jóvenes, instalados en la precariedad y con pocas opciones de compra. El alquiler es prácticamente su única opción. “Se aprovechan de la necesidad de cualquiera”, afirma Martín-Consuegra.

El verano y las primeras semanas de septiembre son una buena oportunidad para los estafadores: muchos estudiantes buscan piso en grandes ciudades a las que están a punto de mudarse. Además de la urgencia, los timadores se aprovechan de sus dificultades para acudir al piso en persona. Estas estafas suelen ser parecidas, pero hay matices que diferencian cada una. Estas son algunas de las estafas más extendidas.

La estafa de Airbnb

Es una de las estafas más comunes. El director de cine Rodrigo Cortés contó en Twitter a finales de agosto cómo intentaron timarle con esta técnica. Y lo hemos visto en primera persona: un redactor de Verne también sufrió un intento similar.

Uno de los correos de los estafadores, en el que reclaman una transferencia de 1.500 euros

El modus operandi es siempre parecido. La vivienda se anuncia en Idealista o en alguna otra página parecida. Una vez que has contactado, en vez de continuar la conversación por el servicio de mensajería de la app, te contestan por correo electrónico. Los timadores te explican que viven lejos y que para enseñarte el piso tienes que abonar una señal. Sin ese pago no puedes ver el piso.

Si la conversación continúa, los estafadores te mandan un enlace de la supuesta vivienda en Airbnb. Sin embargo, no es un link de esta plataforma: es una web trampa con la que ejecutan la estafa y que imita la apariencia del portal de alquiler vacacional.

“La venta o alquiler querrán cerrarlo en un periodo de tiempo muy corto y además, no pondrán reparos ante cualquier petición que se les haga, por muy extravagante que pueda ser”, explica la Oficina de Seguridad del Internauta. Esta estafa ha sido ejecutada tanto con direcciones de pisos reales como inventados.

El timo del embajador que se acaba de mudar

Las viviendas que se promocionan con este tipo de estafas suelen parecer muy lujosas. Como con la estafa de Airbnb, se anuncian a través de webs como Idealista o Fotocasa. El estafador se presenta como un propietario que vive en el extranjero y anda buscando a alguien que cuide muy bien la casa que tiene en España. Es muy común que aseguren haber trabajado en una embajada en España y que han sido trasladados a otro país.

Este timo no recurre a Airbnb como gancho. El estafador solicita una transferencia a través de alguna empresa especializada en envío de dinero, como MoneyGram o Western Union. El timador asegura que con ese montante demuestras tu interés en la vivienda. Te prometen que, una vez que has hecho la transferencia, recibirás la llave del inmueble.

En busca de información confidencial

En algunos casos, los estafadores no van directamente a por tu dinero. Persiguen información personal para después llegar a tu bolsillo. Este tipo de estafa digital se llama phishing. El estafador envía un correo que parece de Idealista, Fotocasa o alguna otra web parecida. Reclama datos como contraseñas o direcciones electrónicas, con los que después puede introducir software malicioso en tu ordenador y lograr la información que quiera.

A partir de ahí pueden acceder a tus archivos o a la información personal que guardes en el equipo, como las claves de tu banca online. El phishing también se ejecuta suplantando a otras webs muy utilizadas, como redes sociales, bancos o servicios de correo electrónico.

Condiciones abusivas: no son estafas, pero son ilegales

Los caseros pueden ser muy exigentes con los inquilinos. Muchísimo. Como explicamos en este artículo, no es ilegal que reclamen información personal, como una copia de tu contrato de trabajo, las últimas nóminas o incluso un extracto bancario. Pueden incluso poner como condición para el alquiler que el inquilino reforme la vivienda.

Pero sí hay cláusulas abusivas perseguidas por ley. Por ejemplo, las inmobiliarias no pueden reclamar más de un mes de fianza, que debe ser equivalente a una mensualidad. Sin embargo, no hay un límite definido para los meses de depósito. Por otra parte, los contratos cuya duración sea menor a tres años se pueden considerar nulos. Al igual que los que incluyan penalizaciones desmedidas si el inquilino abandona el piso: sí puede incluirse una indemnización por la que deba pagar el equivalente a una mensualidad por cada año que reste de contrato.

Consejos para identificar timos disfrazados de chollos

Estos son los consejos de la Oficina de Seguridad del Internauta para evitar los timos relacionados con el alquiler de pisos:

  • Sé precavido ante alquileres a precios muy bajos. Si te interesa una ubicación concreta, haz una comparativa con el resto de alquileres de la zona.
  • Sospecha si detectas que las fotos de la vivienda son copiadas de otra web (contienen marcas de agua) o si son las mismas que las vistas en otros anuncios.
  • No te fíes de propietarios que residen en el extranjero y por algún motivo no pueden enseñarte el piso en persona.
  • Desconfía si te sugieren hacer uso de intermediarios para la entrega de las llaves o el contrato.
  • Las prisas deben ponerte en alerta. Los ciberdelincuentes siempre tienen prisa por cerrar el trato lo antes posible.
  • Si te solicitan pagos a través de servicios de envío de dinero de forma anónima no continúes con el proceso. Tampoco si se solicita una transferencia a un banco que no sea de la misma nacionalidad que el “presunto propietario”.