Cd. de México (14 octubre 2019).- La leche materna que Dalila Chávez reunió durante una semana en México, en un viaje de trabajo, fue tirada a la basura por personal del Aeropuerto del Bajío con el argumento de que la pasajera no iba con su bebé.

Aunque les explicó que justo porque su hija no viajaba con ella llevaba consigo la leche reunida, pero el personal se negó a revisar qué procede en esos casos y no le permitieron abordar hasta que la dejó.

Dalila es una mexicana radicada en Texas que viaja con frecuencia debido a que trabaja para un corporativo internacional.

El viernes pasado, cuando ocurrió el incidente en el Aeropuerto del Bajío, hizo un par de transmisiones en vivo vía Facebook con la idea de que alguien pudiera ayudarla, pero también con el deseo de que a nadie le vuelva a ocurrir esto, incluyéndola a ella, que tendrá que regresar a León por razones de trabajo.

Sus videos suman más de 15 mil reproducciones y tienen cientos de comentarios, además de que han sido compartidos más de 500 veces.

Las bolsas de almacenaje que usa Dalila Chávez para la leche materna aún cuando viaja constantemente. Foto: Especial

“Después de ver los comentarios a mis transmisiones veo que en México hay mucha desinformación sobre la lactancia, por lo que entiendo la falta de empatía cuando estas situaciones se presentan”, contó en entrevista vía telefónica.

“Pero gratamente también me sorprendí de la cantidad de personas que me mostraron su apoyo e incluso me proporcionaron sugerencias sobre las medidas que toman cuando documentan su leche materna. Aunque creo que la leche debe siempre viajar en mano para asegurar que llegue a su destino sin contaminarse”.

En los aeropuertos de Guadalajara y en el Internacional de la Ciudad de México, pero también en los de Estados Unidos y los de otros países como Canadá, ella ha podido cruzar con su banco de leche materna, que llega a ser de entre 80 y 120 onzas (de 2.2 a 3.2 litros), dependiendo de los días de viaje.

Cada una de las bolsas especiales para almacenamiento de leche tiene una capacidad de 6 a 8 onzas y ha viajado incluso con 15.

“En la Ciudad de México y en Guadalajara inicialmente me dicen que no puedo pasarla, pero les pido que llamen al supervisor en turno y él les confirma que la leche materna no tiene restricción”, contó.

“En Estados Unidos le hacen una prueba, le pasan un algodón por fuera y lo colocan en un equipo”, contó.

En León, Dalila siguió el mismo protocolo que realiza cuando viaja. Cuando iba a cruzar la revisión avisó al personal que llevaba leche materna. Le respondieron que no estaba permitido debido a que era líquido. Acto seguido ella les pidió por favor llamar al supervisor en turno, quien al llegar también le dijo que no podía viajar con la leche materna.

La supervisora le dio la opción de documentarla, pero Dalila Chávez le explicó que no lo hace porque las autoridades y el personal aeroportuario tienen derecho a revisar las maletas cuando llevan líquidos, con lo cual no hay garantía de que la leche materna siga limpia y pueda dársela a su bebé.

“Una vez me abrieron la maleta que llevaba la leche y dejaron adentro el papelito de inspección, esa vez tiré la leche por miedo de contaminación”.

También le explicó que si la maleta se llegara a perder, la leche no llegaría a su destino.

Les insistió en que si no habían tenido un caso similar consultaran con sus superiores, que ella estaba en condiciones de hacer lo que le pidieran. Les ofreció incluso que personal médico, con cédula profesional, enviará una carta avalando el traslado. A todo le dijeron no.

Fue entonces que Dalila buscó ayuda de American Airlines, aerolínea con la que viajaba en el vuelo 3697. El personal verificó su pasaporte y su historial, pero la respuesta fue que ellos estaban supeditados también a las medidas del aeropuerto.

Fue entonces que Dalila hizo un par de transmisiones en vivo, la primera de ellas llorando sin poder contenerse, pues además en junio fue diagnosticada con depresión postparto y ese viernes, entre las 13:00 y 15:00 horas se enfrentó en el aeropuerto a una tras otra negativa de personal que, curiosamente, estaba compuesto todo por mujeres.

Tras haber vivido esa experiencia, llamó a propiciar más apertura en temas como la lactancia, la depresión y ansiedad postparto.

“Invito a todas las mamás a quitarse el miedo y hablar, a pedir ayuda cuando la necesiten, no están solas en este camino de la maternidad y es increíble la cantidad de mujeres que pasamos por situaciones similares y cuántas personas te dan la mano cuando la pides”, dijo.

Ella sintió paz hasta que llegó a Dallas y vio a sus dos hijas.

“Me tranquilicé y sentí que todo estaba bien”.

Pero aún cree que hace falta arreglar esa situación y tiene toda la disponibilidad de ayudar para que así ocurra.

“Estoy dispuesta a colaborar con las autoridades aeroportuarias para diseñar un protocolo para manejo de la leche materna que facilite a las madres lactantes la transportación y se cumpla con el objetivo final que es promover la lactancia”