Cuando veo que alguno de mis cuatro hijos está un poco irritable, pienso en las horas de sueño que habrá tenido la noche anterior. Si es menos de lo habitual, por lo general sé que están de mal humor y ya estoy preparada para los quejidos. “El sueño forma parte del crecimiento y del desarrollo sano.

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Los niños que duermen menos de lo recomendado sufren un aumento de los trastornos de conducta, aprendizaje y atención”, señala Terry Cralle, enfermera y educadora certificada en el sueño clínico.

Hoy en día, el sueño suele ser algo que se pasa por alto y, muchas veces, se sacrifica. “Los estudios muestran que muchos niños están recibiendo menos horas de sueño que los niños de hace veinte años“, sostiene Cralle.

Los padres también subestiman las horas para dormir que necesita un niño o un adolescente. El año pasado, la Academia Americana de Medicina del Sueño, con el respaldo de la Academia Americana de Pediatría, cambió sus recomendaciones sobre el tiempo que deberían destinar los niños para dormir:

Los niños de 6 a 12 años: de 9 a 12 horas cada día.

Adolescentes de 13 a 18 años: de 8 a 10 horas cada día.

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“La privación del sueño tiene consecuencias negativas para la salud de los niños en todas las edades”, apunta el Dr. Anayansi Lasso-Pirot, neumólogo pediátrico y jefe interino de la división de neumología pediátrica, alergia y medicina del sueño en el Hospital Infantil de la Universidad de Maryland. “El sueño es una parte restauradora del día. Al igual que un iPhone o un iPad, los niños de todas las edades deben cargar sus baterías durmiendo bien“, agrega.

Los factores que contribuyen a que los niños no duerman lo suficiente pueden variar. Aquí están algunos:

Los teléfonos inteligentes

“Sí, un teléfono inteligente es una buena alarma, pero no lo es si los pequeños se pasan la noche mandando mensajes o revisando las redes sociales”, dice Elisabeth Stitt que está con la organización Joyful Parenting Coaching. Christine Stevens, consultora del sueño certificada por Sleepy Tots Consulting, manifiesta que la “longitud de onda azul emitida por estos dispositivos engaña al cerebro al pensar que ya es hora de despertarse e inhibe la producción de melatonina, una hormona clave del sueño”. Los teléfonos deben estar fuera de las habitaciones por la noche, puedes cargarlos en tu habitación para tenerlos controlados o hacerlo en otro lugar.

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Varios tiempos para ir a dormir

Una noche, de forma ocasional, está bien, pero la consistencia es la clave para lograr buenos hábitos de sueño. Determinar una hora constante para ir a dormir ayuda a establecer ritmos circadianos y proporciona un sentido de orden y estructura, según Cralle. La mayoría de las noches, nuestro hijo de 8 años se va a la cama a las 8pm, el de 10 a las 8.30pm, el de 12 lo hace a las 9pm y el de 14 a las 9.30pm. Cuanto más consistente sea la hora de acostarse, más saludables serán los hábitos de sueño.

Televisión

Al igual que los teléfonos, los niños no deberían tener televisores en sus habitaciones. Estarán tentados a ver un programa más tiempo de lo que su cuerpo quiere estar despierto y la luz azul es similar a la de los teléfonos. “Los niños con televisores en su dormitorio duermen, de media, una hora menos que otros niños”, comenta el Dr. Robert S. Rosenberg, médico certificado por la Junta de Medicina del Sueño y autor de La guía de soluciones del sueño para el estrés y la ansiedad.

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Demasiadas actividades

El sueño es otra razón para limitar el nivel de esas actividades extra curriculares. Confeccionar un horario de un niño significa que hay que pensar en que el sueño deber ser una prioridad.

“Ponerse al día” los fines de semana

Ponerse al día con el sueño, en realidad, no funciona. Si un niño llega a la cama demasiado tarde a lo largo de la semana, puedes pensar que les ayudará si duermen más horas los fines de semana. Pero no. “Dejar que los adolescentes se vayan a dormir tarde los fines de semana y que luego se levanten más tarde empeora el cambio circadiano, y eso hace casi imposible volver a un sueño normal en los días escolares“, apunta Rosenberg.

Ingesta de cafeína

La cafeína es un estimulante que aumenta el insomnio. Si un niño bebé algo con cafeína antes de ir a la cama, le puede afectar el sueño. “Un montón de preadolescentes y adolescentes dependen de las bebidas energizantes para mantenerse despiertos en la escuela“, comenta Rosenberg. “Pero estas ingestas de cafeína pueden hacer que sea más difícil quedarse dormido por la noche”, agrega.

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¿Quieres otra razón para que tu hijo se vaya a la cama a tiempo? Pues la privación de sueño, especialmente en los niños, provoca más accidentes y un mayor riesgo de lesiones deportivas y conductas de riesgo. “Las motivaciones, emociones, resistencias, perspectivas, desempeño escolar, la memoria, las relaciones, el estado de ánimo y hasta la propensión al abuso de sustancias se ven afectadas negativamente por la falta de sueño“, comenta Cralle.

¿Cómo puedes ayudar a tu hijo a desarrollar mejores hábitos de sueño? En primer lugar, el modelo de buenos hábitos y una prioridad en el sueño empieza por ti mismo. “Ha habido varios estudios que afirman que los padres que obran con el ejemplo resultan ser muy efectivos para lograr el sueño de los hijos“, sostiene Rosenberg